A continuación un extracto de uno de los cuentos del libro Escapa o Muere escrito por Ina R. Friedman, traducido por los miembros de "La Javurá" de Valencia (España), Victorino Cortés, Inés Baum, Ana Navarro, y Alba Toscano. Si quieres más información acerca del libro manda un e-mail a "Ina Friedman y Sam Starobin"starobin@tiac.net o "Alba Toscano"atoscano@arrakis.es
Holanda
Traductora: Ana Navarro Roselló
HOLANDA
Cuando los judíos fueron expulsados de España en 1492, un gran número de ellos emigró a Amsterdam. Aunque Holanda se encontraba entonces bajo dominio español, los gobernantes locales holandeses eran más indulgentes con los judíos.
Muchos de estos refugiados eran criptojudíos, o Marranos, judíos a los que, entre los siglos XIV y XV, se les había obligado a elegir entre la muerte o la conversión al cristianismo. Aparentemente optaron por esto último. Sin embargo, muchos continuaron practicando sus ritos de culto clandestinamente y pasaron sus tradiciones religiosas a sus hijos.
Cuando los holandeses ganaron la independencia frente a España en el s. XVII, el gobierno, más tolerante, permitió a los judíos construir una sinagoga. Con la llegada de más judíos de Austria y Alemania, nacieron dos grupos con entidad propia: los Sefarditas, descendientes de refugiados españoles; y, los Ashkenasi, descendientes de refugiados polacos y alemanes.
Los judíos de Holanda prosperaron, y en 1796 obtuvieron plenos derechos como ciudadanos. Hacia el sXX los judíos ocupaban importantes cargos en la sociedad holandesa.
En 1939 habían 140.000 judíos que vivían en Holanda. Allí se sentían seguros. Holanda se había declarado neutral durante la Primera Guerra Mundial, y no había duda de que lo seguiría siendo en el caso de una segunda guerra mundial. Cuando Alemania atacó Polonia en 1939, Holanda anunció de nuevo su neutralidad.
Pero el 10 de mayo de 1940, miles de paracaidistas alemanes aterrizaron en suelo holandés. Tanques alemanes e infantería les siguieron. En enero de 1941 los alemanes habían obligado ya a todos los judíos a inscribirse. Al mes siguiente nazis holandeses atacaban el viejo barrio judío de Amsterdam. Los vecinos cristianos mostraron su apoyo a los judíos ayudándoles a luchar.
Pocos días después, 425 jóvenes judíos fueron enviados al campo de concentración de Buchenwald (Alemania). Esto impulsó a los trabajadores holandeses del puerto a anunciar una huelga general como señal de protesta.Teniendo en cuenta que los judíos habían sufrido persecución por todo el mundo durante 2000 años, este gesto fue sin duda una notable manifestación de solidaridad. Ciudadanos de todas las clases económicas, desde comerciantes en la bolsa hasta pescadores, se unieron a los trabajadores del puerto. Durante tres días las calles y canales permanecieron vacíos. Finalmente las autoridades aplastaron la huelga con la detención de 3500 personas.
Sin embargo los holandeses continuaron ayudando a los judíos.En un país donde no sobra el espacio y donde la orografía es notablemente plano, 20.000 judíos fueron escondidos por sus conciudadanos gentes del campo. Unos 10.000 fueron descubiertos, generalmente con fatales consecuencias, tanto para el fugitivo como para el protector. Antes de la guerra la población judía ascendía a 140.000 judíos. De ellos 105.000 fueron aniquilados.
EL GRAN MANDAMIENTO
Pieter Timmerman era un colegial de 14 años de edad en 1940 cuando los paracaidistas nazis invadieron Holanda. Poco después se hizo miembro de la Resistencia Holandesa.
...Yacía extenuado sobre el suelo de una celda estrecha sin esperanzas. Me encontraba completamente ofuscado. Hermosas imágenes en las que mi padre y yo navegábamos por el río atravesaban mis sueños. Me desperté. Debía existir alguna forma de escapar.
Saqué hilos de mi chaqueta hecha jirones y los até de forma que obtuve un cordón más fuerte. Luego sujeté las lentes a la montura de mis gafas. Ahora que ya podía ver intenté hacerme con la cerradura de la puerta, pero no pude. Descorazonado, caí rendido de sueño.
Mi compañero de celda, Willie Hoya, había estado lanzando críticas a los nazis desde 1922 y como resultado había pasado la mayor parte de su vida en la cárcel. Me dio un consejo:
¾ Recuerda siempre dos cosas: No importa lo que hagas, nunca confíes en nadie dentro de la cárcel; y, cree siempre que lo que haces es lo correcto.
Los nazis me cambiaron a otra celda. Mi nuevo compañero me informó sobre sus actividades clandestinas. Yo le escuchaba, y seguía el consejo de Willie. Le hablé de mis aventuras de navegación.
Los nazis abandonaron cualquier esperanza de romper mi voluntad:
¾ Te fusilaremos esta noche ¾ me dijo un guardia cuando me traían mi ración de sopa rancia ¾ : un transporte te llevará a Munster.
Oí portazos. Tiritando, esperé a que llegara la noche. Dios mío. Oh, Dios mío. ¿Por qué me encuentro tan impotente para ayudarme a mi mismo?. Tengo 18 años. Después de esta noche, ¡ninguno más!.
Cuando un rayo de luz matinal rozó mi ventana el guardia abrió mi celda:
¾ Tienes suerte. Tu transporte se necesita para otros prisioneros. Puedes vivir unos días más.
¾ ¿Unos días más? ¿Qué más da?
Aunque yo no podía saberlo el compañero de clase que me había visto en el tren que me llevaba, había informado a la Resistencia. El Sr. Laidermann, el jefe de una fábrica de textiles, y el Sr. Hoppes, el jefe de una central hidráulica municipal habían estado siguiéndome de celda en celda, a la espera de poder comprar mi libertad.
Cuando lograron ver al Coronel Schroyder, colocaron dos botellas de jenever, ginebra holandesa muy apreciada, sobre su mesa y brindaron por él, por Hitler y por la victoria alemana. Después de una hora de borrachera y camaradería, el Sr Laidermann sacó su libro de pedidos:
¾ ¿A propósito, quisiera pedir algo de genero textil? ¾ le preguntó al coronel.
¾ No, pero mi mujer sí ¾ , respondió.
Mientras Laidermann anotaba el pedido le preguntó de forma casual:
¾ ¿Tiene a algún Timmerman bajo su custodia?.
¾ No ¾ dijo el coronel ¾ , nunca he oído de él.
El Sr. Hoppes le sirvió al coronel otro vaso:
¾ Un adolescente tonto y aventurero. Es inofensivo. Por cierto ¿le gusta a su mujer la seda china?.
¾ La adora ¾ dijo Schroyder ¾ . Daré una ojeada a al fichero y veré si Timmerman se encuentra en el recinto.
Levantó el auricular y pidió que viniese su secretaria:
¾ ¿Hay algún chico que responda al apellido Timmerman en nuestro fichero?
¾ ¿No lo recuerda? ¾ le preguntó¾ . El Comandante estuvo aquí hace una hora. Van a colgar al chico.
Se inclinó y se fue.
¾ Lo siento ¾ Schroyder dijo¾ . Si tuviera aquí los papeles, los podría destruir y el prisionero dejaría de existir. Ahora no hay nada que yo pueda hacer. Debe ser ejecutado esta noche.
Se incorporó y levantó su mano:
¾ Tendré el placer de recibir el genero para mi mujer. ¡Heil Hitler!
Cuando Hopps y Laidermann se disponían a irse, la puerta se abrió y apareció el mismísimo Comandante:
¾ Me olvidé de algo.
Los dos empresarios sacaron aún más botellas de jenever :
¾ A su salud, Herr Comandante.
Laidermann sacó su libro de pedidos de nuevo:
¾ ¿A propósito, quisiera pedir algo de genero textil? ¾ le preguntó al comandante.
¾ No, sin embargo mi mujer sí ¾ , respondió.
El Comandante le encargó miles de dólares de telas difíciles de conseguir.
Después de más alcohol y brindis, se acordó que los papeles de Pieter Timmerman, un mozalbete inconsecuente y travieso, se destruirían. El guardia abrió la celda:
¾ Síguenos. El Coronel se encargará de tu caso personalmente.
Yo temblaba mientras me llevaban al garaje. ¿Por qué no podían colgarme ya...?
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