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LOS
PROFETAS DE ISRAEL
INTRODUCCIÓN La enseñanza de los profetas de Israel parece orientada más hacia el desarrollo de una moral comunitaria, colectiva y social de los judíos en su relación con los demás pueblos, que con el cumplimiento de la Torá. La dedicación de estos personajes a cultivar su vínculo divino los llevó a mantener un velado roce con los sacerdotes del Templo ya que su palabra estaba dirigida a advertir al pueblo. Los sacerdotes cumplían con los sacrificios en el Templo, tal como lo indicaba la Torá, mas olvidaban los principios elementales de bondad, moral y ética con el prójimo. Esta conducta copiada por el pueblo, señalan los profetas, acarreaba las severas sanciones que conducirían a la destrucción del Templo. Sus admoniciones son hacer el bien, portarse éticamente con el prójimo e incluso (y a veces especialmente) con los no-judíos. Ya en Shemot, Vaikrá, Devarim y en otros escritos, se exige no maltratar, explotar, ni ofender al extranjero “porque extranjeros fuisteis en tierra de Egipto”. Jeremías advierte: “No engañéis ni robéis al extranjero”. Advierten al pueblo judío de evitar pecar contra esclavos, extranjeros, pobres y menesterosos recordándoles que los judíos fueron también esclavos, extranjeros, pobres y menesterosos en algún tiempo. La advertencia resumida de los profetas es: dejad de hacerlo, so pena de que volváis a serlo vosotros de nuevo. Señalan de esta manera el peligro de la soberbia; su mensaje es de una moral inclinada a enfatizar la singularidad del pueblo judío -El Pueblo Elegido- como ejemplo de conducta. En este sentido Israel llega a ser elegido como pueblo, no para ser receptáculo de dones especiales o privilegios, sino para guiar y liderizar con el ejemplo, al resto de la humanidad extraviada. Seria responsabilidad que se verá afectada a lo largo de los siglos por repetitivas caídas, rebeliones y vueltas a la enmienda. La tradición judía se apoya en tres fuertes pilotes que son a la vez ideológicos, culturales y religiosos: 1. el Sh’mah, 2. la Torá, y 3. la palabra de los profetas de Israel. Podríamos decir que sobre esos tres pilotes se establece el piso del gran edificio que es el judaísmo. En el caso de los Profetas lo importante es que la mayoría de sus profecías se han cumplido. La evidencia elemental de que un individuo tiene valor como profeta, es que sus profecías se cumplan, lo dice el Tanaj. Así para Israel, salvo la venida del Mashiah anunciado con tanta vehemencia por Isaías, todas las demás profecías han sido cabalmente cumplidas. Y el pueblo judío se enorgullece de contar con esos tres pilotes como fundación de ese enorme edificio. Podrían ser Jachim, Boaz más el Pilar del Centro en el Árbol de la Vida kabalístico. Para aquellos inclinados al misticismo judío, los tres profetas mayores de Israel se pueden asociar, además, a las tres letras madres del alfabeto hebreo Aleph, Mem, y Shin. Que son madres, porque en cierta medida son las letras generatrices de todo el resto del alfabeto en significado, en valor y en poder. El glifo de Aleph se asemeja a un torbellino que desciende de los cielos en espiral, es el aliento divino, el principio; Mem es como una figura protectora que envuelve, es el manto protector y Shin parece un candelabro de tres brazos, es como la luz de la conciencia. Así Isaías sería el aliento del Altísimo que desciende en espiral hasta el pueblo y es traducido en palabra profética, Jeremías representa la protección maternal, el lamento y dolor de una madre ante la derrota de sus hijos, y el consejo dado a estos, mientras que Ezequiel simboliza la conciencia hablando a los judíos de sus transgresiones errores y desvíos, con sus terribles consecuencias a la vez que les indica cómo volver el camino recto y evitar la ira de Dios.
Isaías es el primer gran profeta de Israel. Es escasa la información sobre su vida, pero probablemente nació en el año 765 AEC. A diferencia de la actitud de Moisés y Jeremías quienes intentan excusarse de llevar la palabra divina al pueblo, Isaías se ofrece con vivo entusiasmo cuando escucha la voz de Dios: “Y oí la voz del Señor, que decía: -¿A quien enviaré? ¿Quién irá por nosotros? Y respondí: -Aquí estoy yo, mándame a mi” (Is.- 6:8). Su titánica tarea consiste en tratar de hacer que el pueblo, rebelde y pecador, vuelva al camino de Dios, pero le tomará tiempo y arduo trabajo lograrlo, y eso solo después de muchos desastres y tragedias. Gran parte de sus admoniciones y advertencias se dirigen a los ricos y poderosos: “Vosotros habéis devastado la viña, guardáis en casa lo robado al pobre. ¿Por qué pisoteáis a mi pueblo y aplastáis el rostro de los pobres? Oráculo del Señor Todopoderoso” (Is.- III:14-15). En este pasaje significativamente señala a “mi pueblo” como los oprimidos, sugiriendo quizás que aquellos que no cumplen con la Ley moral no escrita no son dignos de pertenecer al Pueblo Elegido. Pero su espíritu revolucionario no solo es “social” en cuanto a la defensa de los oprimidos, sino que político, pues desafía a la hegemonía de los Fariseos en cuanto a los sacrificios en el Templo cuando revela: “¿Qué me importa la multitud de vuestros sacrificios? dice el Señor-. Estoy harto de holocaustos de carneros y de grasas de becerros; la sangre de novillos, de corderos y de machos cabríos me hastía... Me causa horror su incienso... Lavaos y purificaos, alejad vuestras malas acciones de mis ojos; dejad de hacer el mal, Aprended a hacer el bien, buscad lo que es justo, socorred al oprimido, haced justicia al huérfano, defended a la viuda” (Is.- I:11, 13, 16-17). Podemos imaginarnos la ira de los sacerdotes ante los irrefutables juicios que surgen de su implacable palabra (Sin duda los votos de la Masonería, derivada del judaísmo místico medieval, de ayudar a la viuda y al huérfano, provienen de estas palabras del profeta). Isaías arremete contra los soberbios por adoptar las costumbres de los Filisteos, por pactar con hijos de extranjeros, por idólatras y paganos, contra los rebeldes por iracundos, y duros de corazón, contra los acaparadores y avariciosos que “...juntan casa a casa, y añaden heredad a heredad hasta ocuparlo todo” (Y esto podríamos considerarlo como la primera admonición en el mundo contra el monopolio). También ataca a Las Hijas de Sion por soberbias, vanidosas y desvergonzadas, y a los malvados ostentosos quienes: “...se levantan por la mañana para seguir su embriaguez, que se están hasta la noche, hasta que el vino los enciende! Y en sus banquetes hay arpas, vihuelas, tamboriles, flautas y vino, y no miran la obra del Señor, ni consideran la obra de sus manos” (Is. 5:8-12). Proviene de Isaías el anuncio más completo de la venida del Mashiah cuando dice: “Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado (será) sobre sus hombros; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios omnipotente, Padre Eterno, Príncipe de la Paz, Lo dilatado de su imperio y la paz no tendrán límite, sobre el trono de David y sobre su reino, disponiéndolo y confirmándolo en juicio y en justicia desde ahora y para siempre. El Celo del Señor de los Ejércitos hará esto”. (Is.- 9:1-7). Estas palabras serán inmortalizadas, repetidas y re-interpretadas por diversos intereses en los últimos dos mil años. La aparición de 14 copias del Libro de Isaías en Qumrán reafirmaría el texto original. Isaías anuncia con más detalle que ninguno de los restantes Neviím el reinado del Mashiah profetizando que “Morará el lobo con el cordero, y el leopardo con el cabrito se acostará; el becerro y el león y la bestia doméstica andarán juntos y un niño los pastoreará. La vaca y la osa pacerán, sus crías se echarán juntas; y el león como el buey, comerá paja. Y el niño de pecho jugará sobre la cueva del áspid, y el recién destetado extenderá su mano sobre la caverna de la víbora”. (Is.- 11:6-8) El concepto de este estado de cosas mesiánico se relaciona con el axioma hermético ancestral atribuido (según algunos autores) a Hermes Trismegisto: “Como es arriba es abajo” que aparece en el Zohar (lo cual parece evidencia de que provienen de las enseñanzas de Enoch), pues para que se manifieste dicho reinado de paz, el hombre debe abandonar sus instintos de muerte para que aquellos bajo su señorío (los animales) puedan también dejar de matar. Solo entonces la tan ansiada paz y la venida del Mashiah será una realidad. Siguen vigentes hoy, por lo tanto, las advertencias de este profeta de volver al camino recto. Además de la destrucción del Templo y la derrota de Judea a manos de los Caldeos, Isaías también anuncia la caída de Babilonia con una certeza tal que miles de años después recién apreciamos la profecía en su plenitud y claridad al releer el anuncio de que “(Y) Babilonia, hermosura de reinos, y ornamento de grandeza de los caldeos, será como Sodoma y Gomorra, a las que trastornó Dios. Nunca más será habitada ni se morará en ella de generación en generación; ni levantará tienda allí el árabe, ni pastores tendrán allí sus manadas, sino que dormirán allí las fieras del desierto, y sus casas se llenarán de hurones; allí habitarán avestruces y allí saltarán las cabras salvajes. En sus palacios aullarán hienas y chacales en sus casas de deleite. Y cercano a llegar está su tiempo, y sus días no se alargarán” (Is.-13:19-22). Pero Isaías no solamente profetiza contra o a favor de Israel y Judea, también profetiza la caída de Egipto y Etiopía a manos de los Asirios. Da con ello una prueba, no solo de la certera capacidad profética, sino de un profundo conocimiento de política y una clara noción de lo que El Dios de Israel acepta o rechaza. Sus profecías abundan también sobre los excesos de Babilonia, Caldea, Sodoma y Gomorra. Israel, por el contrario, sobrevive hasta nuestros días ya que por graves que hubiesen sido sus pecados y excesos, siempre hubo, hay y habrá la voluntad de enmendarlos y volver al camino del Señor. De allí el constante perdón. Probablemente Isaías es uno de los profetas más citados, quizás porque anuncia con tanta esperanza la venida del Mashiah de la casa de David, y con él la era de paz que el pueblo judío tan ansiadamente espera. Sobre todo después de haber presenciado fiascos tan traumáticos como el de Shabatai Tzeví, que sorprendentemente continuó arrastrando prosélitos aún después de haberse convertido al Islam, religión de los enemigos mortales de Israel. No es extraño entonces que cada asomo de aparición de Mashiah sea visto con profundo recelo y duda. Quizás la venida del mismo sea un asunto individual, como podría deducirse de las alegorías del Tanaj. Cada individuo que alcance la paz interna será por la llegada en él del Mashiah de la casa de David; llegará su era de paz y será un Lamed Vav. El Talmud de Babilonia afirma que Isaías fue torturado y muerto junto con otros justos a manos de Manases -el Rey impío- del cual había sido su principal crítico. La figura de Isaías se muestra hoy como antorcha sobre el cielo para continuar señalando el camino de retorno a los judíos.
Si Isaías parece la voz acusadora de Dios, Jeremías es la palabra de arrepentimiento que describe con profusión el dolor por las consecuencias de los errores del pueblo. Hijo de Jelcías, Sacerdote de Anatot. Su trayectoria de profeta y visionario se inicia a la muerte de Isaías en los últimos cuarenta años del reino de Judea. Estaba predestinado a ser elegido por el Señor pues narra: “El Señor me dijo: -Antes de formarte en el vientre de tu madre te conocí; antes de que salieras del seno te consagré; como profeta del pueblo te constituí” (Jer.-1:45). Tal como Moshé trató de evadir la responsabilidad de líder del pueblo excusándose por no poseer el don de la palabra, Jeremías trata de evadir la seria responsabilidad. Pero Dios le tocó y dijo: “Yo pongo mis palabras en tu boca” (Jer.- 1:9). Al igual que los otros dos profetas mayores de Israel, Jeremías anuncia la conquista de Judea, la derrota del pueblo judío y la destrucción del Templo con explicación amplia de las causas que llevarán a dicha tragedia, si el pueblo judío persiste en sus extravíos y excesos. Anuncia sus primeros oráculos en el año 13 del reinado de Jasías. En estas profecías anuncia con alegórica certeza “El Caldero Hirviente( ) que desde el norte derramará su desgracia sobre Judea: “Yo haré venir sobre vosotros una nación de muy lejos dice el Señor-; una nación invencible... una nación cuya lengua desconocéis... Ella devorará tu cosecha y tu pan, devorará a tus hijos y a tus hijas, devorará tus viñas y tus higos, arrasará tus ciudades... y cuando pregunten: “¿Por qué el Señor, nuestro Dios, ha hecho todo esto con nosotros?” le responderás: -Como vosotros me habéis abandonado para servir a vuestro país a dioses extraños, de igual modo serviréis e extranjeros en un país que no es el vuestro” (Jer.- 15-17-19). Jeremías acusa ardientemente a los judíos cuando denuncia que el templo se ha convertido en “...una caverna de salteadores...”, debido al restablecimiento de la idolatría por parte del Rey Joaquín a la muerte de Josías. Luego intenta disuadir a Sedecías, sucesor de Joaquín y vasallo rebelde de Nabucodonosor, de que emprenda su campaña de sedición contra Nabuco en un vano intento de evitar las consecuencias inevitables: la destrucción de Judea. Sedecías pone oídos sordos, se fía de las promesas del Faraón y se rebela contra Nabuco precipitando un contraataque violento y avasallante. Ponen sitio a Jerusalem y solo entonces Sedecías consulta a Jeremías quien le anuncia la conquista y destrucción del Reino y del templo. Jeremías es conminado por los Sacerdotes y Magistrados a comparecer ante el tribunal de Los Grandes de Judea, acusándole de estar confabulado con el enemigo. Pero Ajicán sabiamente defendió a Jerermías y este resultó absuelto. Sedecías se humilla al pedir una reunión secreta con Jeremías, pero los magistrados piden la muerte del indigno Rey. Finalmente es liberado pero aún así rehúsa someterse a Nabuco. Jeremías profetiza la muerte de Sedequías a manos de Nabucodonosor y el destierro de lo más selecto de Judea. Nabuco perdona la vida a Jeremías, quien morirá en Egipto lejos de su pueblo. De igual manera que profetiza la caída de Judea y la destrucción del templo Jeremías predica su reconstrucción y profetiza que Israel “...volverá a vivir en paz y en seguridad, sin que nadie lo inquiete”. (Jer.- 46:27). Los pasajes más conmovedores de Jeremías son las Lamentaciones, recitadas el día 9 de Av sobre las ruinas de Jerusalem. Desde entonces se celebra Tishá Beav. El acertado juicio y visión de Jeremías al anticipar la reacción de Nabuco ante la rebeldía de Sedequías es más una sabia deducción con clara conciencia de la desventajas de Judea ante las poderosas huestes de Nabuco, que una profecía en el estricto sentido de la palabra. Jeremías sabe que la rebelión y soberbia de Sedequías acarreará terribles represalias de los Caldeos. En la palabra de Isaías, de Nehemías, Ezequiel, Osías, Sofonías se advierte repetidamente al pueblo contra la rebelión, pero ya en Bemidbar, Devarim, Job, y en los Salmos se advierte al pueblo: “Los rebeldes no serán enaltecidos” (Sal.- 66:7).
Hijo de Bizi, Sacerdote del templo. Probablemente fue discípulo de Jeremías. Fue deportado a Babilonia luego del primer sitio de Jerusalem (597 AEC). Estando a orillas del río Quebar entre los desterrados el Señor puso su mano sobre él. De pronto vio “Un viento huracanado que venía del norte, una gran nube con resplandores en torno, un fuego...” (Ez.-1:4) Esta experiencia es sorprendentemente similar a la experiencia de Iluminación Espiritual descrita por el Dr. Edward Maurice Buke en su obra Cosmic Consciousness tal como el mismo las experimentó: “All at once, without warning of any kind, he found himself wrapped around, as it were, by a flame-colored cloud. For an instant he thought of fire. The next [instant] he knew that the light was within himself” (De repente sin ninguna advertencia se encontró envuelto, por así decirlo, en una nube color de fuego. Por un instante pensó en un incendio. El siguiente instante supo que la luz estaba dentro de él). Esto coloca a Ezequiel entre los pocos seres privilegiados que han alcanzado ese elevado nivel espiritual del que habla Aristóteles en Primum Organum, Roger Bacon en Novum Organum, y el Dr. Bucke en la ya citada obra. Hay un pasaje de las escrituras donde el Señor le dirige la palabra: “Hijo de hombre, yo te he puesto como centinela de la casa de Israel. Cuando oigas de mi boca una palabra, los advertirás de parte mía” (Ez.- 3:17). Ezequiel es un visionario que con frecuencia ve querubes. Sus visiones están llenas de poesía y ricas imágenes. En sus visiones ve seres misteriosos y alados que poseen cuatro caras: De Hombre, de León, de Buey y de Aguila, se refiere a la alegoría de los Cuatro Querubes: El querube Hombre, el Querube Leon, el querube Toro y el Querube Aguila que corresponden a los arquetipos de máximo desarrollo espiritual que se pueden lograr en Acuario, Leo, Tauro y Escorpio, según las tradiciones esotéricas, lo cual sugiere que datan de los tiempos de Enoch y que posteriormente los rescata la Khabaláh, tal como aseguran algunos autores. Ezequiel profetiza con una visión detallada la destrucción del Templo y pronuncia “la visión de los huesos secos”, al final de la cual levanta la esperanza del pueblo de Israel al asegurarles que: “Esto dice el Señor Dios: Mirad, yo abriré vuestras tumbas, os haré salir de vuestros sepulcros, pueblo mío, y os llevaré a la tierra de Israel” (Ez.- 37:11-13) De la misma manera que anuncia la destrucción del templo citando las trasgresiones de los judíos que llevan a tal tragedia, señala la disposición de Dios de perdonar al pueblo y con igual profusión de detalles e inspirada esperanza dedica la última parte de su libro a describir el futuro templo de Jerusalem tal como le apareció en su profética visión.
Vivió y murió en los años cercanos a la desaparición del reino de Israel. En la palabra de Oseas persiste una repetitiva advertencia contra Israel y Judea por el gran número y variedad de pecados que el pueblo judío insiste en cometer. Después de describir las diversas y graves trasgresiones, la inclinación de Dios a reprender al pueblo, y la insistencia del pueblo en caer una y otra vez en degeneración y pecado Oseas anuncia la compasión de Dios por su pueblo. Estos pasajes probablemente persigan señalar con claridad la naturaleza misericordiosa del Dios de Israel ante incluso las más terribles ofensas del pueblo. Sin duda la corriente de la época, las numerosas tentaciones de una era de excesos, degeneración y pecado que conocemos por los frescos y murales además de la historia, resulta una justificación aunque nunca una excusa, para que el profeta anuncie al pueblo que a pesar de la gravedad de sus pecados pueden retornar a la gracia del Dios de misericordia (Chesed) si retornan al camino recto.
Contemporáneo de Oseas y Amos, es un poco más amplio el juicio que Joel abre contra los judíos donde les anuncia terribles plagas y sequía si insisten en permanecer desviados del camino de Dios. Pero este juicio abarca no solo a los reinos de Judea e Israel sino que abarca toda la comarca y la región incluyendo a las naciones vecinas y enemigas. Sin duda la ira de Dios a través de la palabra del profeta, se dirige a las naciones idólatras y fornicarias que tientan a los hijos de la tierra de Judea y les advierte del juicio severo del Dios de Israel. Pero de igual forma que advierte severamente a judíos y vecinos por igual, anuncia la liberación de Judea por la destrucción de Egipto y Edom.
Amós aparece durante el reinado de Usías en Judea y de Jeroboám en Israel. El juicio iniciado por Joel se extiende y detalla en la palabra de Amós. En uno de los pasajes más elocuentes Amós lanza una serie de preguntas cuya obvia respuesta es NO para al final preguntar: “Habrá algún mal en la ciudad, el cual Adonai no haya hecho” (Amós 3: 6), forzando la obvia respuesta e indicando así que Dios hace llover toda clase de castigos sobre el pueblo judío. Y una vez más, como todos los demás profetas, anuncia que Israel no aprende aunque sea castigado. Llama luego al arrepentimiento, presenta “Tres visiones de destrucción”, en las cuales, a manera de diálogo Dios y el profeta debaten. Amos pide misericordia “Quien levantará a Jacob, porque es pequeño” en tres ocasiones. En las dos primeras Dios accede a cesar su castigo sobre la base de la inexperiencia y la necedad de Israel como pueblo inmaduro, sin embargo a la tercera Dios advierte que no tolerará más. La imagen utilizada en esta hermosa alegoría es la plomada. Ahora bien, la plomada de albañil sirve para poner las paredes verticalmente rectas, así que es obvia la analogía. En este caso Dios advierte que el pueblo judío debe portarse “verticalmente recto”; no bastan los sacrificios en el Templo. La situación que observamos hoy (de que el pueblo judío necesita portarse de forma más recta que los restantes pueblos, ya que los ojos del mundo entero enjuician más severamente a los judíos que a cualquier otro pueblo), sin duda ya era común desde los tiempos de la antigüedad.
Abdías, que profetiza en los tiempos cercanos a la destrucción de Israel, es bastante más optimista que los profetas anteriores y anuncia la derrota de Edom y la de los judíos soberbios y rebeldes contra Dios. Igualmente anuncia que quedará un remanente que será salvado y exaltado. Con este anuncio restablece la esperanza de Israel y Judea y levanta la autoestima del pueblo repetidamente castigado.
Jonás es contemporáneo del rey Jeroboám II, quien reinó a partir del año quince de Amasías, poco después de la muerte de Eliseo. El caso de Jonás es muy pintoresco porque en diametral diferencia con Isaías, que se ofrece como mensajero del Señor, este profeta ni siquiera intenta excusas para evadir el compromiso sino que trata de huir de la voz del Señor. El episodio se enriquece en la imagen de Jonás devorado por un enorme pez al tratar de embarcarse rumbo a tierras lejanas. Jonás muestra su decepción a Dios al responder con enojo por las pesadumbres que soporta. En varias ocasiones Dios le alivia y le agrava la pesadumbre alternativamente y de manera didáctica hasta demostrarle que si Jonás se compadece de una simple calabaza, Él en su infinita grandeza tiene potestad para compadecerse de Nínive, capital de Asiria habitado por ciento veinte mil personas inmaduras.
Surge este profeta en tiempos del reinado de Jotám, Acaz y Ezequías en Judea. Este profeta arremete contra los magistrados y dirigentes de Israel criticando severamente a “...sus jefes que juzgan por cohecho, y sus sacerdotes enseñan por precio, y sus profetas adivinan por dinero; y se apoyan en Adonai diciendo: ¿No está Adonai con nosotros? No vendrá mal sobre nosotros.” (Miq. 3: 11-12) Miqueas igualmente anuncia lo que Adonai exige a su pueblo en contra de las exageradas y estrictas exigencias de sacrificio de los sacerdotes (parecida sería la situación hoy en día si aún existiera el Templo pues los “neofariseos” estarían sacrificando fielmente según la Torá pero olvidados de la bondad elemental). Esto indica que los profetas sí mantenían una moderada controversia con los Sacerdotes del Templo por las razones anteriormente expuestas. Los profetas, por estar vinculados más directamente con la palabra divina, tenían el poder de la certeza más que el de la interpretación, que es el que animaba (y aún hoy anima) a los sacerdotes.
La palabra de Nahum, quien vivió poco antes de la destrucción de Israel por los Asirios alrededor del 725/722-AEC, se centra en un aspecto particular: la destrucción de los enemigos de Israel y de Judea. Con esto persigue dos cosas; la primera es advertir contra todos aquellos que tientan, esclavizan saquean, y seducen a los hijos de Abraham contra las terribles represalias de Dios, con profusión de imágenes y asociaciones. Segundo; señalar el implacable y avasallante poder del Dios de Israel, invencible e irrefrenable.
Una de las obras más importantes de la gigantesca profusión de pergaminos hallados en Khirbet Qumran a finales de los 40 y que reposan en el Santuario del Libro en Jerusalem es el Pesher (comentario) de Habacuc. En él se desgranan las protestas y anuncios de este profeta del año 722-AEC. Su palabra se diferencia marcadamente de sus predecesores ya que inicia un polémico argumento con Dios y reclama con insólita impaciencia y osadía la aparente indiferencia de Dios ante la arremetida de los enemigos de Israel. Habacuc pide piedad y celeridad de respuesta ante la violencia y la iniquidad que sufriría Judea como castigo. Adonai responde a través de la palabra del profeta con una detallada y minuciosa lista de trasgresiones y pecados que señalan al pueblo a la vez que asegura que aquellos justos, fieles y dóciles a la guía del Señor (y aquí prevalece de nuevo la guía moral y ética por sobre el cumplimiento de los sacrificios en el Templo) serán exaltados. Habacuc cierra sus escritos con una hermosa oración que pregona la fidelidad al Señor ante la adversidad de manera parecida a la de Job).
Sofonías, durante los tiempos de Amón rey de Juda, pregona insistente sobre la desviación de Judea y advierte al igual que otros profetas anteriores, acerca de la redención de Israel una vez que el pueblo retorne al camino recto. La mayor parte de sus escritos están dirigidos a diferenciar al remanente de Israel, los justos y dóciles a la Ley, ante los desviados y corrompidos que no acataron el llamado al arrepentimiento.
Hageo se sitúa en el segundo año del reinado de Dario de Persia, 520 AEC y señala que el 1ro de Elul (¿Adar?) le llegó inspiración de profecía para Zorobabel, Gobernador de Judea, y Josué, Sumo Sacerdote, indicándoles que mientras ellos no consideraban aún la reconstrucción del Templo, la voz de Adonai les instaba diciendo: “Es para vosotros tiempo de habitar vuestras casas artesonadas y esta casa (el Templo) está desierta”? (Hag.- 1: 4). Sobre este llamado señala que los hijos de Israel no están siendo saciados ni logrando buenas cosechas, y lo poco que obtienen lo acumulan sabiendo que Adonai puede destruirlo de un soplo. Y señala que el 24 de Elul (¿Adar?) fue conmovido el Gobernador y el Sumo Sacerdote y el resto del pueblo e iniciaron las obras de reconstrucción. Tranquiliza al pueblo anunciando que Adonai está en espíritu con ellos, por cuanto no deben temer. Sin embargo arremete de nuevo con serias advertencias cuando descubre que el pueblo y las autoridades continúan corrompidas al darse cuenta que de un montón de veinte efas de trigo solo aparecían diez y de cincuenta cántaros de vino aparecían solo veinte. Usa la siguiente alegoría: “Si un inmundo a causa de cadáver tocare alguna de estas cosas ¿será inmunda? Y los sacerdotes respondieron, Inmunda será” (Hag.- 2: 13). Sin duda sugiere que el Templo si está construido por manos corrompidas será igualmente inmundo y les recomienda reflexionar desde el 24 de Kislev (¿Siván?) en que se echaron los cimientos del Templo, en adelante para que recapacitaran. Al final señala a Zorobabel como justo ante los ojos de Adonai.
Corre el año 520-AEC en época de la reconstrucción del templo, la cual impulsó junto con Hageo. Zacarías inicia su obra con una hermosa alegoría: La visión de los caballos, donde clama a Adonai solicitándole piedad para un pueblo que ha estado castigado por setenta años consecutivos. Y las palabras de Adonai por boca del profeta restablecen la esperanza al anunciar que el espíritu de Dios vuelve a Jerusalem y Sion con misericordia (Chesed). Asegura que será edificado el Templo y que las ciudades desbordarán de abundancia. Luego utiliza la imagen alegórica de los cuatro cuernos y los cuatro carpinteros, en que los cuernos representan las naciones que asolaron a Israel mientras que los carpinteros (constructores) reconstruirán todo lo que haya sido destruido. Prosigue con imágenes de gran poesía y belleza donde hay ángeles, candelabros de oro y árboles de olivo. Luego aparece de nuevo la imagen de la plomada en manos de Zorobabel . Más adelante describe una serie de imágenes escatológicas con caballos de cuatro diferentes pelos tirando de cuatro carros. No se acerca a la mística visión de Ezequiel, sin embargo resulta de gran colorido y poesía. Una vez más tocan los profetas el tema de la conducta con los pobres, los extranjeros, las viudas y los huérfanos (Zac.- 7: 10). En un pasaje lleno de poesía e imágenes alegóricas identifica a los pastores inútiles -que dejan morir a “las ovejas de la matanza” es decir, a los pobres de la Kehiláh- con los sacerdotes cuyo deber es guiar al pueblo. Termina ese pasaje advirtiendo: ¡Ay del pastor inútil que abandona el ganado! Hiera la espada su brazo, y su ojo derecho; del todo se secará su brazo, y su ojo derecho será enteramente oscurecido”. Ahora bien en la tradición mística el lado derecho del cuerpo está asociado con los aspectos materiales mientras que el izquierdo se refiere a los aspectos espirituales del individuo. Probablemente anuncia Zacarías serios impedimentos en la producción de bienes materiales (brazo, trabajo, habilidad artesanal, laboral) y en la visión de dónde obtenerlos (ojo obscurecido). Zacarías termina su obra anunciando la liberación de Jerusalem, como los anteriores profetas, y la caída y destrucción de las naciones enemigas de Israel.
El verbo encendido de este profeta, que vivió en Judea luego del retorno del exilio de Babilonia, señala con dedo acusador incontables pecados, inexplicables trasgresiones e imperdonables violaciones, pero más fino es su detalle en faltas no graves de la Ley, pero que son señal de corrupción, como las ofrendas de animales con defectos, la sustracción de las ofrendas del templo, la negligencia en los rituales y sacrificios etc. Indica repetidamente y a manera de dialéctica de preguntas y respuestas cuya respuesta es evidente para llevar al lector a las conclusiones lógicas en preguntas específicas. En el centro de su discurso resume, no solo su criterio personal, sino que pareciera, además, que este pequeño párrafo concentra todo el concepto ético y moral de los doce profetas:“¿NO TENEMOS TODOS UN MISMO PADRE? ¿NO NOS HA CREADO UN MISMO DIOS? ¿POR QUÉ, PUES, NOS PORTAMOS DESLEALMENTE EL UNO CONTRA EL OTRO, PROFANANDO EL PACTO DE NUESTROS PADRES?” (MAL.- 2: 10). MELKHIZEDEK, AV, 5761 BIBLIOGRAFÍA La Biblia, versión de Casiodoro de Reina, 1569. Si tiene algún comentario, por favor remítalo a odlanierzenitram@yahoo.com |
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