Judaísmo Vivo
PORQUE TÚ ESTÁS CONMIGO. UNA RESPUESTA A LA SOLEDAD



Por el Rabino Samuel Vainberg




En una oportunidad, un hombre soñaba que caminaba acompañado por Dios por una playa. De pronto despertó y le dijo a Dios: ¡Qué hermoso caminar en Tu compañía!, pero a veces miré en la arena y había tramos donde se veían dos pares de huellas una junto a la otra, y a veces se veía la huella de una sola persona, ¿por qué me abandonaste en esos momentos?”. Y Dios le dijo al hombre: Estás equivocado, hijo mío, nunca te dejé, sólo que a veces tus fuerzas te abandonaron y entonces te cargué en mis brazos para llevarte”.

En el libro de Bereshit (Génesis) (2:18) leemos que cuando Dios concluyó que “no es bueno que el hombre esté solo” decidió crear una compañera para él. Desde entonces uno de los planteamientos existenciales del ser humano es la soledad y desde aquel momento de la Creación, el problema se ha venido agravando. Hoy el mundo cuenta con varios miles de millones de habitantes, pero aún así impera la soledad.

Cada ser humano es un ser individual y es muy lindo hablar de individualidad y ser individual; pero la realidad es que más que individuos, hay solitarios.

Vivimos en un mundo muy ruidoso, extremadamente ruidoso, pero en medio de todo ese ruido ensordecedor permanecemos solitarios.

Aspiramos a tener y mantener una intensa vida social, pero en medio de la algarabía de la vida social permanecemos y nos sentimos solos.

Vamos a una discoteca, la música es ensordecedora, el ruido llega a su máximo nivel, las parejas salen a bailar al ritmo de los acordes musicales, pero... cada uno baila por su lado, pues en medio del ruido y de la gente, estamos otra vez solos...

Hablamos y hablamos con los que nos rodean, pero no nos escuchan y no los escuchamos, sólo queremos escucharnos a nosotros mismos, porque en el fondo, estamos solos y apartados.

En la medida que la situación económica nos lo permite, aspiramos a que cada individuo en la familia tenga su propio cuarto, su propio televisor, su propia línea telefónica con su propio teléfono, su propio carro. ¿Resultado? Cada uno se desconecta del resto de la familia y la soledad se hace más y más palpable en la vida de cada uno de nosotros.

Hablamos de independencia, queremos ser independientes, pero nos convertimos en seres solitarios, pues confundimos la idea de independencia y obtenemos soledad.

Al decir del Rabino Arnold Kushner, “¿Cómo es posible que hayamos llegado a que, en un mundo con más gente de la que tuvo nunca y con industrias enteramente dedicadas a hacernos felices, tanta gente se sienta sola y desdichada? Creo que los motivos para nuestros males son: el individualismo, el mito de la independencia y la competitividad que está en el corazón de nuestra cultura. Hemos hecho del siglo XX el siglo del individuo. Durante la mayor parte de la historia humana, una persona fue parte de una familia, parte de un clan o tribu o vecindario. Nos definíamos sobre la base de nuestra relación con otra gente, no de nuestros logros individuales”.

Y así vivimos una soledad infinita, una soledad tanto material como espiritual, tanto física como emocional. Pensamos que una compañía física nos habrá de sacar de nuestra soledad, pero la verdad que esto no alcanza para impedir nuestra soledad espiritual y emocional.

El Libro de Salmos (Tehilim) es, sin duda, uno de los libros de nuestro Tanaj más emotivos y expresivos. El Salmo 23 nos dice:

Aunque haya de pasar por el valle de las tinieblas
No temeré mal alguno, porque Tú estas conmigo
Tu sostén y Tu apoyo siempre son mi consuelo.

Sentimos soledad material y física por el extremo individualismo que hemos construido, nos alejamos y nos aislamos de los demás y los demás se alejan y se aíslan de nosotros.

Sentimos soledad espiritual y emocional, porque en nuestro afán de mostrar fortaleza (en realidad, falsa fortaleza), nos alejamos de Dios.

El mundo que el hombre ha creado es un mundo donde el expresar sentimientos es signo de debilidad. Tenemos que ser, o mejor dicho, tenemos que aparentar fuerza, tenemos que aparentar ser fuertes, ello sí es signo de éxito, pero en el fondo de la realidad lo que hemos construido es un mundo de soledad, un mundo de solitarios.

El mundo que Dios ha creado es un mundo de relaciones humanas, de acercamiento, de compañía, de paz. El hombre se ha encargado de extremar el individualismo y de convertirlo en un sitio de solitarios y de soledad.

“No es bueno que el hombre esté solo”, pero cuando se aleja y se aísla de sus semejantes, entonces sólo nos queda estar cerca de Dios, ya que “cuando Tu estás conmigo, no temo mal alguno” (ni siquiera la soledad)...

Alex Katz,
Sunset: Lake Wessenrunsett IV, 1972
Cortesía alexkatz.com
Judaísmo Hoy

Los Rollos del Mar Muerto

La evolución de la halajá

De rebelión en rebelión

Reflexiones de los sabios





Portada | Noticias | Tema de la Semana | Especial | Historia | Para Recordar | Opiniones
Perashá/Velas/Havdalá | Calendario/Lúaj | Historia | "Ladrillos"/Donaciones | Judaísmo en la Red

Derechos de autor/copyright: Congregación Or Shalom, Caracas, 2000-2001

Hosted by:
The United Synagogue of Conservative Judaism

Última actualización: 21 de diciembre 2001