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Héroe, mito, leyenda
por Elías Levy B. en Aurora
Digital
Las trágicas circunstancias en las que murió el primer astronauta israelí, así como la atención que su misión había despertado entre chicos y mayores, han convertido rápidamente al coronel Ilán Ramón en un auténtico mito. Héroe nacional de niños y adultos durante los 16 que duró la malograda misión, ahora, a su muerte, ha comenzado la fase de mitificación, para más adelante -seguramente- convertirse en leyenda y perdurar en la memoria colectiva no ya de todos los israelíes, sino también del pueblo judío. Porque su misión estuvo rodeada desde un principio de un halo celestial que él mismo ayudó a configurar cuando decidió llevarse una copa de "kidush", o la ilustración de la Tierra vista desde la Luna que dibujó un niño que pereció en el Holocausto, o un séfer Torá en michrochip -también del Holocausto-, o la mezuzá que iba a ser colocada a la entrada de en una nueva base de la Fuerza Aérea en el centro del país. Todo ello confirió a un viaje en principio netamente científico un alto grado de espiritualidad, como si el "viaje" del Columbia hubiera sido en realidad un acercamiento a la divinidad, a lo celestial. Algunos medios incluso han informado de que cuando pasó por encima de Jerusalem, Ilan Ramón pronunció el tan significativo "Shemá Israel", en lo que fue un esfuerzo de su parte de conferir a esta misión no un carácter israelí sino también judío, a pesar de que ya hubo en el pasado otros astronautas judíos de nacionalidad estadounidense. No es de extrañar entonces que rodeado de tanta carga emotiva y nacionalista -nadie niega que no sea un orgullo tener a un primer astronauta israelí-, todo el viaje estuviera desde un principio marcado por la espiritualidad, y de ahí el consenso que se había ganado por parte de toda la población, que lo veía como un auténtico héroe. Entre ellos están muchos ultraortodoxos, y a pesar de que el "viaje" era en shabat nadie tuvo la osadía de pedir su aplazamiento (sí hubo por el contrario algún que otro desalmado que se atrevió a decir que el accidente ocurrió por esa precisa razón). Y dentro de ese consenso, no faltan ahora tampoco los más místicos que intentan hallar una respuesta a esa serie de coincidencias que comienza con el hecho de que un astronauta israelí se desintegrase sobre una localidad llamada "Palestine". O que el Columbia fuera lanzado por primera vez al espacio el mismo año -1981- que Ramón bombardeó un reactor nuclear en Irak, ese país que piensa atacar ahora el presidente Bush Jr., por cierto... procedente del Estado de Texas, donde cayó el Columbia. La "maldición cósmica" llamó un columnista del diario Maariv a esas coincidencias que en nuestros subconscientes no deja de preguntarnos: ¿Por qué? ¿Por qué esa fatídica suerte para los israelíes? ?Por qué no podía haber terminado todo tan bien como comenzó? Y según nos dicen es porque precisamente no todo comenzó bien. Esa pieza o espuma sólida que se desplazó de su lugar en el despegue pareció ser el causante del desastre; una gomita, como quien dice, que causó estragos en dos pueblos y dejó conmocionada a media humanidad. Porque después de tantos viajes al espacio nos creemos ya que entrar y salir de esas profundidades espaciales es lo más normal del mundo. Pero no es así. Atravesar esa densa atmósfera a miles de kilómetros de velocidad es y seguirá siendo un reto para la humanidad, hasta que no se encuentre la fórmula perfecta para atravesarla sin generar 1.600 grados centígrados de calor por el rozamiento. En un intento de levantarnos el ánimo a todos, el Gobierno ha anunciado que el programa espacial israelí continuará, a pesar de que sus beneficios comparados con sus costes financieros -por no hablar del humano- no lo justifica. "Pueblo duro de cerviz", dicen las escrituras sobre la terquedad del pueblo judío. Pero no, tras este desastre, Israel necesita de veras no un mito, no una leyenda, sino un héroe vivito y coleando.
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